Clotario Paz

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Político y escritor nacido en Cariamanga, provincia de Loja, el 5 de mayo de 1885, hijo del Crnel. Eliseo Paz Vega y de la Sra. Eloísa Paladines Ochoa.

Realizó todos sus estudios en su ciudad natal: La primaria en la Escuela de los Hermanos Cristianos y la secundaria en el Colegio Bernardo Valdivieso.

En 1901 se radicó en Guayaquil donde se dedicó a trabajar en el comercio, y seis años más tarde se casó con Enoé Reese Campuzano, a quien dedicó su primer libro de poemas al que tituló «Postales». Posteriormente, en 1910 se movilizó a la frontera durante el intento de invasión peruana que fue detenido por el Gral. Alfaro.

Por ese tiempo ya había empezado a interesarse en la política, y en 1912, luego del Asesinato de los Héroes Liberales, por la provincia de Loja asistió como Diputado al Congreso, donde hizo escuchar su voz de protesta por la centralización de las rentas del Estanco de Tabacos, que impidió la construcción del ferrocarril que hubiera unido Puerto Bolívar con Loja, Zamora y el Amazonas. Al año siguiente, para dar cuenta de su gestión en el Congreso publicó «Voto Salvado».

En 1918 empezó a colaborar con El Guante de Guayaquil; y en 1919 y 1923 asistió nuevamente al Congreso como Diputado por la provincia de Loja. Ese año, luego de declinar la Presidencia de la Cámara de Diputados abandonó la misma en señal de protesta por la aprobación de la firma del Protocolo Ponce-Castro Oyanguren.

Su vocación periodística lo llevó a fundar en Guayaquil, en 1925, el periódico «El Diario». Ese mismo año empezó a escribir sus famosas «Crónicas Fugaces», y luego de la Revolución Juliana que puso fin al gobierno del Dr. Gonzalo S. Córdova Rivera, en diciembre participó en un intento de revolución contra la primera Junta de Gobierno Plural, razón por la cual tuvo que abandonar el país junto a Jacinto Jijón y Caamaño, Manuel Sotomayor y Luna, José Vicente Trujillo, Eleodoro Avilés Minuche, Enrique Baquerizo Moreno y otras personalidades que también participaron del frustrado intento.

Regresó al Ecuador dos años más tarde, y el 8 de julio de 1928 participó en una revolución que se originó en la provincia de El Oro en contra de la dictadura del Dr. Isidro Ayora y en favor del Cmdt. Idelfonso Mendoza, pero fue apresado y encerrado hasta el 6 de diciembre en que el Congreso decretó la amnistía.

A finales de 1932 nuevamente se levantó en armas en la provincia de El Oro, esta vez en contra del gobierno interino del Dr. Alfredo Baquerizo Moreno, pero la revolución no tuvo el respaldo popular ni de los batallones comprometidos, por lo que al poco tiempo nuevamente fue tomado preso. Entonces, el Presidente lanzó una de esas frases que lo hicieron famoso como orador y literato: «Cayó Paz para que la paz impere». Al poco tiempo recobró su libertad y más tarde se desafilió del Partido Liberal para fundar, con Eleodoro Avilés Minuche y Alfonso B. Larrea Alba, la «Vanguardia Revolucionaria Socialista Ecuatoriana». Ese mismo año fundó también la revista «Cocoricó», por medio de la cual combatió la candidatura presidencial del Sr. Neptalí Bonifaz.

En 1938 publicó «Larrea Alba, Nuestras Izquierdas» y en 1940 «El Drama de Loja».

Luego de la invasión peruana de 1941 y de la firma del Protocolo de Río de Janeiro en 1942, mantuvo en radio El Telégrafo de Guayaquil su programa «La Hora Sur Ecuatorial» a través del cual combatió al gobierno del Dr. Carlos Alberto Arroyo del Río; al poco tiempo fue apresado y encerrado en el Panóptico donde escribió el folleto «Habla el Penado 286» -que circuló en la clandestinidad- y más tarde fue desterrado a Cali junto con el Dr. Antonio Parra Velasco.

A su regreso formó parte del grupo que dirigía el Dr. Francisco Arízaga Luque y que llevó a cabo la Revolución del 28 de Mayo de 1844 que puso fin al gobierno de Arroyo del Río; pero una vez que se consumó la revuelta se opuso tenazmente a que el poder sea entregado al Dr. José María Velasco Ibarra.

A mediados del año siguiente escribió «Guía Espiritual Para la Vida de Tres Niños», que dedicó a sus nietos Sarah Ycaza, Alberto y Consuelo Pincay Paz, y en 1946 publicó una colección de sus versos bajo el título de «Flores para mi Tumba».

Poco tiempo después, el 16 de agosto de ese mismo año murió en la ciudad de Guayaquil.

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